Me decepciona tanto leer mis letras, comerme cada una de sus sílabas, donde plasmo que yo sabía perfectamente qué clase de hombre era él: que no sabía nada de la vida, que no teníamos contextos similares y que no éramos compatibles y leer que lo preferí sobre otras personas pese a todo ello!! ...me llena de tristeza tener que admitir que me equivoqué.
En cualquiera de los casos, aborrezco el error. Pero en este caso, me ha traído tremendas rondas de llanto y frustración. Ahora veo que cuando se es muy joven no se sabe nada de la vida, tal como me lo decían, no se sabe nada de lo que es auténticamente amor y de lo que uno en verdad merece o no, me conformé con tan poco, me vi leve y mortal y me resigné a la idea bajo la excusa de una “extraña” proclividad al amor que seguramente todas las mujeres dicen tener y que no es otra cosa que una necia idea de tener novio para no sentirse solas.
Cuando releo que dije haber estallado de amor por Xavier todavía me doy más crédito porque era tan idealista en la prepa que puedo autojustificarme, pero cuando lo repito en catorce chicos más los siguientes dos años, pierdo toda verosimilitud. Tal vez sólo por Xavier sentí eso y luego quise decir que lo volví a sentir por el resto para aligerar mis pensamientos, o quizá por ninguno de ellos lo sentí, sólo era mi deseo jovial por desafiar mi potencial afectivo y andar amando por ahí al primer pelado que me parecía hombre coherente o que me hacía química su olor.
Qué sencillo era todo cuando sólo se trataba de ingeniármelas para andar en mis carbonadas, escapármele a uno para ir a ver a otro, hallarme siempre dispuesta para cualquier cita que pudiera salir, inventarme cosas en mi casa para andar como loca por la vida cenando con uno y desayunando con otro pero siempre durmiendo en mi casa, ir a la escuela e ir a la empresa, y aún así, dármelas de niña buena.
Tengo un serio compromiso ahora con mi hija, porque de todo esto le hablaré muy francamente, con los mejores deseos aleccionadores. Desde luego que le voy a enseñar lo que aprendí en mis vueltas, sé muy bien como darle .exe a la magia que ambas poseemos para enamorarse a cualquiera, pero le tendré que explicar mejor como filtrar a esos cualquiera’s.
Cuando vi la película “memories of a geisha”, que pese a que sé que dista mucho del concepto que se tiene en oriente de ellas y de la realidad que viven, pensé sobre la dedicación que le tiene la hermana mayor de la heroína de la película, la manera en que le explica cómo desarrollarse en ese ambiente y demás, serán cosas que poco a poco iré implementando en la formación de mi hija.
Cosas tan sencillas como saber que la secundaria marca drásticamente tu vida, recuerdo que era casi indispensable tener novio para validar al resto de las chicas que tú también posees belleza.
Una.
Quizá una que el resto de las chicas no ven o una que es tan evidente para el resto que causas envidias, pero la última validación del concepto estriba en que tengas novio. Ahora también sé que no basta con tener novio, hay que ver quién es ese novio y qué representa para el resto de las chicas, porque de otro modo, más vale no tener novio! A que te vean besuqueándote con un gatete en la cafetería de la vuelta del colegio y está desprestigiando tu imagen ante los verdaderos novios potenciales. Más vale sólo tener amigas en la secundaria y saber que no se necesita de nadie que valide la belleza. Pero como transmitirle esa idea a mi hija sin que la confunda ni la aísle... tengo ahí muchas interrogantes.
Seguramente ahí forjé alguna de mis más arraigadas inseguridades en relación a cosas afectivas y de ahí me solté para andar por la vida besando príncipes y ranas, y toros, y bultos, y gusanos y todo lo que según mi pobre criterio de pollo pudiera convertirse a largo plazo en un marido potencial. Pero en qué gran error estaba.
Necesito encontrar una tregua conmigo para que al hablarle de todo esto no me convierta en el porta voz de mujeres como Pilar Betancourt que por poco afirman que los hombres son lo peor que ha engendrado la madre naturaleza, no quiero impartir clases de feminismo ni hacerla displicente ante el afecto, mucho menos deseo el efecto contrario que le provoque una pretensión incontinente por contrariarme y que se busque un pelagatos para hacérmela patente.
Pero si quiero establecer entre ella y yo una comunicación efectiva que nos permita sincronizar este tipo de ideas. Sé que respetaré sus deseos y que le haré saber sobre las posibles consecuencias, pero estoy segura de que me voy a involucrar hasta el punto en que le moleste si es necesario para evitar que cometa errores de tan difíciles consecuencias como los míos.
Parte de mi compromiso extraño e implícito con ella es explicarle que más vale salir con cientos de cabrones antes de decidirse amarrarse a uno con excusas afectivas, pero será un reto sabérselo decir sin que sienta que la estoy alentando a andar de puta por la ciudad como si yo lo hubiese hecho así alguna vez. Tan no lo hice que ahora mismo me hallo abrumada porque EG no me deja; no me deja la mente, no me deja en paz, no me deja pagar, no me deja sacarlo ni salirme del lío en que nos hemos metido. Y aún de eso, nadie se ha metido al lío porque como sólo nos hemos besado, andamos por ahí sin sentir el peso real de la culpa. El día que nos caiga la culpa encima a ver qué más nos cae...